Los primeros dos años.

Los primeros dos años.

Los primeros dos años de vida de mi bebé lo han cambiado todo. Mi manera de pensar, de sentir, mis relaciones con la gente, conmigo misma. Una parte de ti vive en el cuerpecito de otra persona, ¿cómo eso na va a dar un vuelco a toda tu vida?

No es fácil resumir este tiempo en unas pocas frases, así que voy a poneros en contexto para poder explicar con mayor claridad lo que ha supuesto para mi pareja y para mí tener una hija.

Nos conocimos hace 20 años, éramos muy jóvenes los dos y puede decirse que vivimos juntos muchas de nuestras primeras experiencias. Pasamos unos años maravillosos como estudiantes en Santiago de Compostela. Viajamos, conocimos gente, fuimos los mejores amigos y descubrimos un mundo nuevo de independencia e ilusión por todo lo que hacíamos. El tiempo pasaba despacio, o no nos importaba si pasaba. Nuestra visión de futuro no tenía nada que ver con nuestras perspectivas actuales. Vivíamos el día a día y eso nos bastaba y nos hacía felices.Recuerdo los pisos de estudiante donde vivíamos y las mudanzas año tras año. Vivimos en un montón de edificios de la zona vieja de Santiago, ¡nos recorrimos todos los bares y pateamos las calles como nadie!

Nunca en ese tiempo pensamos en tener hijos, lo veíamos como muy lejano o tal vez improbable. En realidad no hemos tenido prisa. Los años pasaron y poco a poco nos encontramos con que mirábamos con especial atención a las parejas con bebés que veíamos por la calle, empezábamos a hablar de un futuro donde los pañales estaban presentes, algunos de nuestros amigos tuvieron a sus bebés y cuando los visitábamos algo se despertaba en nosotros y nos mirábamos y sonreíamos.

Yo embarazada de 6 meses.

Y 20 años después decidimos que sí, que nos gustaría formar una familia, tener un bebé y empezar una nueva etapa. Y fuimos papás. Yo con 38 años y mi pareja con 36. Creo que fue en el momento adecuado, si es que existe uno. Y a partir del 23 de agosto del 2017 fuimos tres.

El primer día que llegamos a casa del hospital con nuestra bebé estábamos cargados de buena energía y nuestros nuevos roles de mamá y papá estaban aún muy verdes pero confiados e ilusionados. La casa ya era distinta, las cosas de bebé lo inundaron todo, la música del carrusel, los regalos que nos hacían, los silencios mientras Cloe dormía sus múltiples siestas, los llantos, nuestras conversaciones…Todo había cambiado. Recuerdo una frase que me dijo mi hermana a los pocos días “Te ha cambiado la voz”. Y sí, creo que ahora no hablo desde el mismo soporte de antes, creo que mi voz procede de otro sitio, más madura y comprensiva.

Y tuvimos que construir un nuevo “día a día”. Mi pareja disfrutó de su baja por paternidad que en España eran 4 semanas (actualmente son 8) a las que unió unas vacaciones por lo que pasamos un mes y una semana en casa los tres. Nuestra rutina era dormir poco, a deshoras, intentar mantener un orden en casa, ducharse por turnos, vigilar a Cloe, mi pareja intentaba cocinar y limpiar mientras yo daba el pecho a la peque y esto todo sin hacer demasiado ruido. El primer día que Rubén (mi pareja) se tuvo que reincorporar al trabajo supe que se acercaban días en los que probablemente me sería imposible ducharme o cenar o recoger la casa…y sí, así fue. Recuerdo un montón de noches caminando por el pasillo de casa con Cloe en brazos intentando calmarla o que se durmiera y cuando lo conseguía no tenía fuerzas para nada. Me tumbaba en la cama y dormía esperando que tardase unas horas en despertarse. Cuando Rubén llegaba se encontraba con una madre agotada y una bebé que lloraba, tomaba su ración de teta, dormía, volvía a llorar, volvía a mamar…

En esos primeros meses vivía en una dualidad entre mi nuevo rol y mi anterior condición de “no mamá” que me hacía preguntarme cuándo podría volver a hacer las cosas que hacía antes, como regresar a la Escuela de Idiomas a terminar mis estudios de Inglés o a volver a hacer mis trabajos de Fotografía o a quedar con alguien o simplemente a procrastinar en el sofá. Y eso no pasaba. La maternidad me arrollaba y todo, absolutamente todo mi mundo se había mudado a otra galaxia.

Hubo un tiempo en el que pensaba que mi pareja lo tenía más fácil. Recuerdo tener conversaciones con él donde llorando le contaba que yo también quería irme de casa por unas horas, a trabajar, hablar con otras personas adultas, despejar mi mente y volver. Y él me decía que a él le encantaría quedarse en casa y cuidar de Cloe como lo hacía yo, bañarla, darle de comer, acunarla para que se durmiera.

Y así pasaron los tres primeros meses. Y todo fue encontrando poco apoco su espacio. Y ya no me acercaba tantas veces a su cuna para comprobar si respiraba. Y llegaron los seis meses. Y Rubén y yo empezamos a sentirnos mucho más cómodos en nuestro papel. Y aquí decidí que era el momento de pasar de la teta al biberón. Tengo que decir que sí es cierto que la lactancia materna el mejor alimento para el bebé y no sólo alimento sino consuelo. Pero creo sinceramente que se dice demasiado. Hay algo que estamos haciendo mal cuando una madre que decide por voluntad propia o por otras circunstancias no darle el pecho al bebé, se siente mal por hacerlo. Yo personalmente, decidí empezar con el biberón y la leche de continuación por puro agotamiento. Esa es la razón. No hubo otra. Y no paraba de encontrarme artículos por la Red que no me hacían sentir bien. Artículos donde lanzaban el mensaje de “No le quites la teta a tus hijos. Sigue dando el pecho. No te desanimes.Yo puedo ayudarte.” ¿No deberíamos dejar que esto fuese decisión de las madres y punto? Esta es simplemente mi reflexión sin más ánimo que expresar mi opinión sobre algo tan importante y personal como es para una madre la alimentación de sus bebés.

Y en este punto fuimos recuperando algunas de las cosas que hacíamos antes, como irnos de fin de semana o salir a comer fuera. Esto que puede parecer algo tan simple se vuelve un poco enrevesado con un bebé. Pero a esta altura ya estábamos acostumbrados a hacerlo de diferente manera. Es decir, sin planear demasiado cómo va a ser todo. A veces podíamos comer tranquilos, a veces a turnos, entreteniéndola en su trona. La primera salida que hicimos fué a un balneario. Éramos los primeros en desayunar y los primeros en cenar. Si Cloe estaba tranquila y disfrutando en las piscinas podíamos echar allí un rato, sino irnos y pasear o a ducharnos y jugar en la habitación. Y así es como debe de ser. No hay planes, no hay tiempos. Y está bien así.

Cloe y Rubén en el balneario

Y mientras, yo miraba a Rubén y lo iba descubriendo como papá. Y apareció una nueva relación entre los dos que aún seguimos construyendo, una relación que se suma a la anterior y que puede convertirse en tu mejor y más grande apoyo.

No sé si le pasa a todas las mamás pero en mi caso hubo una época al principio en la que estaba tan enfocada en mi bebé que todo pasó a un segundo plano. En mi mente todo era responsabilidad mía, toda mi energía iba destinada al cuidado de Cloe y pienso ahora con la distancia que es un error. Y fui descubriendo que no estaba sola en esto de la maternidad. Que soy una nueva mujer con un nuevo hombre a mi lado y con una hija que va creciendo y cumpliendo etapas, que llora, que ríe, que nos da besos, que intenta expresarse para que la entendamos, que se frustra, que sólo quiere jugar, que nos revuelve toda la casa, nos cambia las cosas de sitio y nos vuelve locos.

Y casi sin darnos cuenta cumplió su primer año. Empezó a caminar y a ver el mundo desde una altura de poco más de 70 centímetros. Y vimos que nuestra bebé ya era casi como una niña pequeña. y nosotros unos padres más grandes. Y todo ese año siguiente fue como una previa de cómo serían las cosas a partir de ahora. Hemos aprendido que todas las etapas se van cumpliendo y van pasando y llegando otras nuevas. Que no hay que tener prisa por que las cosas lleguen porque llegarán sólo cuando te bebé esté preparada/o para hacerlo.

Y es que a partir del primer año ves cómo todo el mundo te pregunta si ya habla, o si ya no usa pañal, o si ya duerme en su habitación, o si ya no usa chupete…

Y yo siempre pienso “¿Cuáles son las prisas? ¿Por qué no dejamos que los bebés sean simplemente bebés?” Y las respuestas son: Habla en su lenguaje de bebé, y se hace entender y entiende. Sí, aún usa pañal. No, no duerme en su habitación excepto la siesta. Usa chupe para dormir y cuando lo necesita.

Y ahora ha cumplido ya 2 años. Y no sé si quiero que crezca o se quede así para siempre.

Algunos días me levanto por la mañana y deseo mucho mucho tener una conversación con ella y que me cuente sus cosas y llevarla a los museos y sentarnos en una terraza a tomar algo con tranquilidad.,.. y algunos días me levanto y quiero seguir siendo mamá de una bebé. Y hablo con mi pareja y se ríe y me dice que pronto irá a la Universidad.

Y lo más importante de toda esta aventura como padres es que ahora somos tres. Que rondando nuestros cuarenta nos hemos convertido de nuevo en unos estudiantes que han descubierto nuevas ilusiones y nuevas maneras de hacer las cosas, que tienen que desaprender lo aprendido para que esta nueva loca etapa sean buenos recuerdos para Cloe el día de mañana.

Segundo cumpleaños de Cloe.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Cloe es un precioso regalo para todos, tierna, coqueta y muy lista. Y vosotros no podéis ser mejores papás.

  2. Muchísimas gracias Sonia! Casi no se nota que eres mi hermana mayor.

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